miércoles, 29 de marzo de 2017

Lo que se avecina...

Pronto espero hacerle un tributo a esta franquicia que tanto nos ha dado a los gamer... Gracias Nintendo, Gracias Shigeru, Gracias.






viernes, 15 de julio de 2016

SKYRIM (Homenaje)

Capítulo 2: Caminos




-Eneas despierta, es hora de levantarse – Me despierta Dan moviéndome bruscamente.

- Lo siento Dan, no he podido dormir bien – Le digo mientras me incorporaba en la cama.

- Sí, lo sé y por eso mismo debes salir conocer un poco la aldea, Trata de hablar con los vecinos, socializa para que te distraigas y no te obsesiones con lo que te ha ocurrido de ayer. – le Dijo colocando cara de preocupación. 

- No tengo ánimos de nada pero tienes razón. Saldré y conoceré un poco, espera, ¿cómo se llama esta aldea?- Preguntó ya que no había pensado en ello. 

- Jajajaja, es cierto que eres nuevo en est aparte de Skyrim, pues ahora mismo te encuentras en “Cauce Boscoso” somos una pequeña aldea de leñadores que pertenece a la comarca de Carrera Blanca, allí se encuentra el establecimiento del Jarl, el que mueve todo; mejor digámosle, el Jefe. Si tienes pensado una clase de venganza por la muerte de tu amigo, deberías comenzar en Carrera Blanca, podrías encontrar la ayuda o el equipo necesario para emprender el viaje que piensas hacer- Me responde Dan, no sonaba muy seguro de creer que lo mío era una buena idea, como que si supiera algo que yo no.

- Muchas gracias Dan, prometo que te pagaré todo lo que has hecho por mí, nunca lo olvidaré – Le dije sinceramente, pues estaba muy agradecido.

- Déjate de eso chaval, no pasa nada, me complace ayudar extranjeros como tú – Dice Dan con confianza y con un ensayo de sonrisa, aunque sabía que yo no estaba para alegría.

De nuevo muchas gracias. Creo que es hora de partir, primero echaré un vistazo a la aldea y luego emprenderé el viaje a Carrera Blanca.

- Que la suerte esté de tu parte Eneas, sabes que siempre puedes venir si necesitas ayuda, o puedes quedarte aquí si quieres, podría usar un par de manos fuertes como las tuyas- Al terminar de hablar con Dan, Yarith junto con Boris entran por la puerta y al darse cuenta de que estaba a punto de irme cada uno de ellos se despidió y después de unos segundos de agradecimiento y de palabras de aliento me dispuse a seguir el viaje.

Al salir de la casa de Dan, miré hacia atrás y supe que nunca olvidaría a esa familia. Comencé mi trayecto por la aldea donde conocí a varias personas, Sven un bardo que se hacía cargo de la posada de la aldea, Alvor el herrero del pueblo y conocí por último a Hod y Gerdur, los dueños del aserradero. Después de varias horas recorriendo la aldea me dispuse seguir mi camino a Carrera Blanca por lo que se me ocurrió preguntarle a Sven el camino que me llevaría a la comarca, me dijo que siguiera el único camino en dirección al norte, le agradecí y con un hacha que me regaló Alvor para mi seguridad, emprendí el viaje, no si antes pasar varias horas ayudándole. 

Estaba atardeciendo pero no me preocupaba, mientras más me metía en lleno en el camino, me parecía más seguro, sobre todo por la presencia de soldados imperiales, por lo que me imaginé que era producto del dragón que atacó el día de ayer, sin darle tantas vueltas al asunto, seguí el paso sin salirme del camino como me lo había dicho Sven. Después de una hora de una larga caminata vi a los lejos lo que pareció ser una pequeña granja, me pareció perfecto, necesitaba restablecer mis recursos ya que se estaba agotando el agua y la comida, por lo que sería un lugar adecuado para conseguir lo necesario.

Luego de unos minutos llegué a la granja, noté que parecía estar deshabitada, no había nadie por los alrededores, por lo que supuse que se debía a que la noche ya estaba cayendo, pero al acercarme sigilosamente a la única casa que había fijarme vi algo sospechoso, la puerta estaba abierta, “si no hay nadie afuera, ¿por qué la puerta está abierta?” fue lo primero que se me vino a la mente, lentamente me acercaba cada vez más y al llegar a una ventana pude observar y lo primero en lo que posé mis ojos fue en tres cadáveres quienes tenían aspectos de haber sido asesinados brutalmente con una espada, al ver semejante acto de salvajismo retrocedí varios paso sin quitar la mirada en la ventana, al estar un poco lejos de aquella casa, corrí sin dudarlo por un segundo, volví al camino y sólo podía pensar en aquellas personas que fueron asesinadas, “¿qué habrán hecho para merecer una muerte de esa manera?”.

Seguí por el camino y me comenzaba a preguntar qué tan lejos estaba Carrera Blanca, pude notar que durante unos minutos no vi a ninguna persona que estuviera en el mismo camino, hace unas horas atrás veía toda clase de viajeros, pero ahora, no veo a ningún alma. Al principio no le daba importancia pero luego de unos minutos la noche se hacía cada vez más siniestra y sin nadie por ahí lo hacía mucho más siniestro. Comencé a escuchar toda clase de animales, sobre todo lobos, me preguntaba si estaban cerca del camino y vaya que fue un error, el miedo comenzó a cubrir todo mi cuerpo, me imaginaba toda tipo de cosas, de un lobo que esperaba el momento oportuno para atacarme, a un dragón acechando los cielos, pero rechace toda clase de temor y comenzaba a tranquilizarme, mientras seguía caminando vi a lo lejos unos viajeros, por lo que me tranquilizó un poco, tal vez ver a unas almas en aquella noche siniestra era como una clase de luz al final del túnel. Cada vez más me acercaba a los viajeros pero pude notar algo extraño, uno de ellos tenía un equipamiento que se me hacía conocido, “Espera, ¿esa forma de vestir es la misma de los rebeldes que ejecutaron aquellos soldados imperiales?”, comencé a sudar y un temblor se apoderó de mí. Cuando ya estaba al lado de ellos pasando normalmente, uno de ellos se fijó en mí, lo pude notar por reojo y comenzaba a preocuparme, “por favor, solo sigue tu camino, solo sigue tu camino” me repetía varias veces. Pero luego de unos metros de distancia aquel rebelde o lo que sea dejo de mirarme y siguió su camino. 

“Que susto tras otro y ahora esos tipos” me dije a mí mismo, pero luego de un segundo unos bandidos salieron de la oscuridad y sin ningún aviso me rodearon, eran cuatro, cada uno cubría un extremo en caso de que quisiera correr, no podía pensar en nada, sólo me quede helado.

- Oye extranjero, suelta esa hacha que tienes, al menos que quieras morir – Dijo con voz áspera y siniestra uno de los bandidos.

- Tranquilo amigo, no soy un enemigo, solo soy un viajero eso es todo— Le dije tratando de mantener contacto visual con todos, apretando aún más el hacha en mi mano y tratando de no quedar expuesto en ningún momento a un ataque sorpresa.

- Cállate, sólo yo tengo el poder de palabra, tú solo harás lo que yo diga – los otros bandidos rieron – Y lo que quiero que hagas es que lentamente arrojes esa hacha hacia mí – Me dijo mientras apuntaba su espada a mi estomago. Sin repudiar hice lo que me ordenó y lancé el hacha en su dirección con mucho cuidado, no quería morir.

- Ok, ahora quiero que me des todo lo que tengas y espero que tengas cosas buenas o terminaremos llevándonos tu vida – Al escuchar esas palabras supe que se terminarían llevando mi vida, por lo que el miedo se apoderó nuevamente de mí, no sabía qué hacer, no tenía entrenamiento en batalla, no sabía pelear, sólo soy un campesino que quiso abandonar su hogar para conocer nuevas tierras y comenzaba a arrepentirme, debí seguir mi instinto primario de morir peleando, ahora moriría a merced de unos desalmados.

- ¿Qué esperas extranjero? – Me dijo mientras se acercaba con la espada en alto.

- Tranquilo, tranquilo. Sólo que hay un problema, no tengo nada de valor conmigo, tú te podrás dar cuenta, vengo de lejos y soy pobre, ¿cómo piensas que tenga cosas de valor? – Trataba de hacerle caer en razón, pero los ladrones y asesinos no son famosos precisamente por ser gente razonable.

- Eso no es mi problema, tu primer error fue entrar a esta parte de Skyrim, si no tienes nada contigo entonces me temo que te mataremos, luego de una pequeña pausa en la que mi corazón latía fuertemente. ¡Muchachos, matenlo! – El pánico una vez más se apoderó de mí y sin ninguna oportunidad de escapar solo pude esperar mi muerte, cerré mis ojos esperando la espada que terminaría con mi vida. “Esto es todo, hasta aquí llegó mi aventura” mientras tenía los ojos cerrados escuché un grito de dolor y por reflejo grite yo también, pero fui abriendo los ojos, un hombre había apuñalado por la espalda a uno de los bandidos. habían tres hombres más por detrás de aquel que me había salvado y en un instante estaba apreciando una sangrienta batalla. Quede anonadado por lo que estaba viendo, no podía mover ningún músculo de mi cuerpo. Después de un largo minuto, aquel hombre que me había salvado junto con los tres había acabado con todos los bandidos.

- Hola extranjero, ¿me recuerdas? – Me dijo mientras se guardaba la espada.

- Tú eres el viajero que fijó su mirada en mí, ¿cierto? – Dije sorprendido.

- Así es, antes de que te viéramos mis compañeros y yo, sabíamos que habían unos bandidos por estos caminos y al instante supe que no ibas a poder defenderte de ellos – Una pequeña sonrisa salió de su cara.

- Vaya, muchas gracias, ¿pero por qué ayudarme? – Pregunté confundido.

- Es obvio de que eres nuevo de Skyrim, podría decir que ni llevas una semana en estas tierras, entonces imaginé que sería malo que un viajero muera sin primero conocer las maravillas de Skyrim – suelta una carcajada.

- Pues sí, tienes razón, de todas maneras muchas gracias. ¿Puedo preguntar algo? – Le dije un poco asustado, aliviado y confundido.

- Claro, dime – me dijo como entusiasmado por mi curiosidad.

- ¿Eres un soldado que pertenece a los de “Capa de la Tormenta”?– Esperaba nohaber cruzado ninguna línea con mi pregunta pero en ese momento yo era un manojo de nervios y no podía pensar con claridad. 

- Sí, ¿cómo lo supiste? – Y su sonrisa se expandió casi de oreja a oreja.

- Unos soldados imperiales me capturaron a mí y mi amigo, con unos de los tuyos— hice una pausa respetuosa antes de continuar— y pude reconocerte por tu vestuario, aunque no entiendo por qué tus amigos no van vestidos iguales.

- Ellos no pertenecen al grupo pero pronto lo harán, volviendo al tema, ¿uno de esos bandidos de casualidad se llamaba Ulfric? – al final de su frase al pronunciar las palabras del nombre, las silabas se deslizaron de su boca con preocupación. 

- Así es, creo que era importante— me detuve de nuevo, lo que tenía que decirle era muy delicado— porque tenían prisa en ejecutarlo. 

Abrió los ojos y trago grueso, se dio la vuelta mirando el suelo, como pensando profundamente, tratando de figurar algo y dijó— Es el líder de los Capa de la Tormenta, me gustaría que me contase más, ¿a dónde te diriges?

- Me dirijo hacia Carrera Blanca necesito encontrar alguna información sobre unas cosas – Le dije pero en mi mente repasaba bien mi plan de acción que había probado ser un desastre desde que dejé la tranquilidad de mi casa.

- Está bien, nosotros te ayudaremos a llegar, entrarás solo, si unos de los imperiales me ven me matarán sin dudarlo, pero te ayudaremos a llegar lo más cerca, estos caminos son muy peligrosos— me dijo y me pareció extraño que pasara del tema del líder de su banda.

- ¿Seguro? Muchas gracias— Le dije, no quería hacer muchas preguntas si querían ayudarme era lo mejor que me podrá pasar teniendo en cuenta que los anteriores me encontré en el camino me querían extorsionar y asesinar.

- Sí, pero cuando llegues y puedas establecerte bien, reúnete conmigo en la “Cuenca del Viejo Lugubre”, sólo tienes que caminar hacia el este desde Carrera Blanca y si puedes viaja con comerciantes para que estés más seguro, ¿está bien? – Me dijo y parecía real su preocupación, era una persona muy amable y por lo que vi con excelentes habilidades para la lucha.

- Me has salvado, por lo menos si puedo servirte en algo te ayudaré en lo que pueda– Luego pensé en que podría yo ayudarle un humilde campesino, pero igual tenía que ofrecerle m ayuda mi código moral me obligaba.

- Bien, entonces vamos, próximo destino Carrera Blanca y por cierto me llamo Jhon- Me dijo tendiéndome su mano. 

- Yo me llamo Eneas, pues nada, hacia Carrera Blanca- Le dije y emprendimos el camino, esta vez un poco más a salvo y mejor compañía.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Silent Hill Venezuela Parte I


Capítulo I: El Viaje.

Alfredo Guillen era un Caraqueño de unos 25 años, estaba comprometido con Xiomara Terranova, la conoció en la universidad hace algunos años. En un principio solo eran compañeros en algunas materias y hablaban casualmente, Alfredo parecía siempre ocupado, siempre estresado, Xiomara por su lado era un poco más relajada, era de estar a la moda, ser genial, colocar boca de patito para las fotos y eso.

Alfredo estaba muy enfocado en su carrera, era muy serio y parecía estar ansioso por terminar de una vez la carrera. En un punto de la carrera, algo cambio que hizo que Alfredo se le viera más relajado, más tranquilo. Ahora estaban por terminar su carrera en la UCAB de educación integral y estaban tramitando los papeles para irse del país a ejercer a otro lugar sin dictadura comunista, sin control de cambio, sin revolución.

Alfredo le aprobaron el cupo de CADIVI(organismo que era utilizado para controlar el tráfico de Divisas) para poder viajar al exterior, pero aun no estaban listos los papeles de su título, le tocaría viajar a él solo, porque a Xiomara aún no se lo habían aprobado.

Ya había comprado pasaje para ir a Estados Unidos, a California donde tenía unos amigos de la infancia esperándolo y unos primos. Por supuesto que el objetivo era raspar el cupo y traerse los dólares y venderlos en el mercado negro, donde costaban diez veces lo que costaba en el mercado oficial, reunir esa plata para poder comprar el pasaje para el año entrante, cuando por fin, con el favor de Dios, se iría de Venezuela a buscar suerte en otras locaciones.

                Llegó el día en que saldría el viaje, en el aeropuerto estaban para despedirlo su mamá, su hermana mayor, su hermano menor y su novia. No es que el no fuera un tipo impopular o desagradable es que casi nadie sabía de aquel viaje.

                Llegaron en taxi al aeropuerto, la carrera le costó lo mismo que una semana y media de trabajo para un profesor, dinero que pago con rabia y pensando, por eso es que me quiero ir de este sitio, con rabia, pero a la vez con aquella dura nostalgia del que abandona su tierra por necesidad o por obligación y no por placer.

Agarro sus maletas sin decirle gracias al taxista, sentía que era como decirle gracias a un ladrón por acabarle de robar, claro que él entendía que el taxista es un trabajador padre de familia como cualquiera otro trabajador, pero esta frustración continua no tenía cara específica, la culpa era del gobierno por corrupto, de la oposición por pusilánime y cooperativista, de la gente por votar por estos locos, de él por no haberse ido antes, de todos y de nadie.

                Coño que caro se ha vuelto toda vaina nojoda— Dijo la mamá de Alfredo, la señora Maritza.

                Pero tenemos patria señora Maritza— dijo en torno sarcástico Xiomara.

                Si mija, más Patria de la que deberíamos— Le respondió el señor Pedro papá de Alfredo.
Pero bueno papá, enfoquémonos en lo que nos interesa.— Dijo Maritcita, la hija mayor de los Guillen, simpatizante con el gobierno.

Si, claro hazte la loca. Por los que votaron por este desastre es que estamos como estamos— Dijo William, el hermano menor de Alfredo. 

Iban pasando al lado de un militar de los tantos que están en el aeropuerto, voltearon a mirarlos, pero el militar no pareció haberlos escuchado y si los escuchó, quizás no les importo o quizás estaba acostumbrado ya ha escuchar ese tipo de cosas, o quizás el mismo las pensaba.

                Iban de camino a hacer el “check in” del pasaje cuando a Alfredo le sonó el teléfono, al revisarlo era un mensaje de un número que terminaba en 1371. Él ya sabía quién podía ser, elimino el mensaje sin más, no sin colocar cara de preocupación y luego de fastidio, pero ¿Qué era lo que le fastidiaba? Xiomara lo estaba viendo y reconoció en Alfredo aquel viejo gesto de preocupación, su mamá volteaba incómoda para otra parte.

                Hubo un momento incómodo para todos en aquel anden, pero Xiomara rompió el silencio.
Bueno amor, aquí estamos, te amo con todo mi corazón, te voy a extrañar.

Bueno hermano, si puedes tráeme un Play 4, que salió hace poco y aún aquí no ha llegado. Dijo William

Si claro, me voy a gastar los cuatro dólares cagados que nos dan en un aparato de esos. Le dijo a su hermano.

La señora Maritza con lágrimas en la cara lo abrazó y le dio un par de besos. Cuidate mucho hijo mío. Que Dios te guarde.

Coño mamá deja el drama ni que se fuera para Vietnam. Le dijo William

Chao hijo, le dijo el señor Pedro, pero antes de darle un abrazo a Alfredo le dio un coscorrón a William.

Volvió Xiomara y lo beso largamente y lo apretó contra su cuerpo, era muy duro despedirse de él.
                Al final se despidió de todos ellos y se embarcó en el vuelo que lo llevaría a los Estados Unidos.

Silent Hill (una breve y simple opinión)


Primero que nada, tengo que decir que el trabajo que el “Equipo Silent Hill” hizo con sus Silent Hills es monumental, como se pasaron meses leyendo novelas de terror, viendo y buscando que era aquello que producía más miedo. Dieron con una formula la que consideraron era, la fórmula del verdadero terror, el terror psicológico. Viéndolo desde un punto de vista pragmático es lógico, pues no hay peor terror que el que tu propia mente que sabe cuáles son tus peores miedos te presenta.

De adolescente jugué Silent Hill sin entender ni una sola palabra de inglés y sin embargo, pase horas y horas de entretenimiento y terror. De adulto ahora con un inglés más avanzado y una mente un poco más madura, me quedo pasmado de ver lo que el “Team Silent Hill” logró en aquel entonces. La gente dice que “Homecoming” es el peor, aún en la voz de Yamahoka a quien invitarón a que colaborara con la música, para él, este era el peor de los Silent hill pues se alejaba mucho de su esencia japonesa. Sí, se alejaron del terror japonés que era parte de la esencia del juego, pero en mi opinión hicieron un muy buen trabajo. Apartando la segunda entrega de Silent Hill 2, la de “homecoming” es de las historias que más me gustó.

Este es el intento de un “fiebruo” (como le dicen en mi país a los gamers, o como le decían en los 90´s), de hacerle un tributo a uno de los que sigue siendo uno de mis juegos favoritos.


Son miles las cosas que podría decir de este juego, pero serían cosas que podrías averiguar en internet en foros y entrevistas, prefiero hacer un tributo creando una historia ambientada en ese meta verso malévolo y hostil que se encuentra en el pueblo de “Silent Hill”, espero que le guste y la disfruten.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Resident Evil Venezuela Cap IV



Capítulo IV

Si, regreso a casa.

Edgar corría dejando a los otros a la merced de su destino, y por los gritos, rugidos y alaridos que escuchaba debía ser un muy cruel destino. Él tenía que pensar en sus hijos y en su mujer, en los suyos. Tratando de volver lo antes posible, no iba solo, había un río de gente corriendo, se escuchaban disparos a lo lejos y algunas explosiones. Se veía casas y ranchos incendiados y columnas de humo subiendo al cielo por aquí y por allá. La cabeza de Edgar era un remolino de pensamientos y temores, ¿Qué era todo aquello? ¿Significaba todo eso que había llegado el tan esperado fin de la humanidad?

A lo lejos se acercaba un jeep de la GNB, en dirección contraria a la que se dirigía ahora pero en dirección correcta a donde se dirigió antes de estrellarse. A bordo venían tres soldados, al verlo disminuyeron la velocidad deteniéndose frente a él, la gente se le acercaba a la unidad pero estos soldados gritaban a la gente y les apuntaban con sus armas de reglamento para que se alejaran del vehículo, al estar cerca vieron el uniforme las rayas y le saludaron. Edgar era de rango superior a todos los que iban en el vehículo.

¿Cómo está mi Teniente?, hay orden de asistir de inmediato al aeropuerto, ¿lo llevamos?— Pregunto uno de los soldados en tono muy serio.

Edgar sin titubeo le dijo: Mira dejémonos de formalismos, esto se fue al carajo, no ves que hay humo por todos lados, situación en el aeropuerto es desastrosa, hay ordenes de que todo mundo regrese a su casa y proteja los suyos.— Le dijo sin pestañear, sin titubear, era un buen mentiroso.

¿Cómo así teniente?— Preguntó uno de ellos.

Mijo que todo se fue al carajo, que ya no hay aeropuerto que resguardar. Nos ordenaron retirada, que cada quien resguarde a los suyos— Un poco enojado, sentía que estaban perdiendo un valioso tiempo ahí.

Ellos se miraron entre sí, a lo mejor confundidos por esa contra orden y por el hecho de que les dijeran que el aeropuerto estaba perdido. El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar era el lugar más importante de todo el país por ahí estaban llegando las divisas, los inmigrantes, las medicinas, la comida, en fin todos los recursos múltiples.

Bueno súbase mi Teniente y demos la vuelta, déjenos llevarlo a su casa— Le dijo uno de los que iba en el vehículo tendiéndole la mano para que la asiera.

Coño bien por esa— Le dijo Edgar aliviado, tendiéndoles una mano para que lo ayudaran a subir, él creía que ellos lo hacían por su rango, pero sabía que tenía que separarse de ellos en algún momento sabrían que les había mentido y no tenía tiempo para perderlo en estupideces.

Se subió al vehículo, la gente seguía de largo, nadie veía en ellos alguna posibilidad de protección o ayuda, algunas pocas mujeres histéricas les gritaban improperios y otras gritos de socorro, la gente les temía. Solo la chica aquella que, no importa, pensó; eso ya está en el pasado.

Al dar la vuelta en “u”, tratando de maniobrar y evitar a los desesperados transeúntes, el jeep se embarrancó, se fue por el borde del camino dando tumbos. Los soldados mentaban madres, maldecían y se agarraban como podían, Edgar se agarró como pudo a lo primero que vio. Fueron a dar de frente contra un árbol. Edgar salió disparado y rodó unos metros más abajo, dando tumbos y golpeándose con piedras y ramas. Los demás solo sufrieron golpes leves, uno de ellos, el que iba al volante quedo inconsciente, el golpe con el volante le había dejado sin aire.

Edgar salió disparado por encima del parabrisas por suerte era un vehículo descapotado, sino se hubiese triturado el cráneo, cayó y rodo a unos cinco metros del vehículo. cuando se detuvo al fin, estaba todo golpeado por todos lados y con rasguños en la cara el pecho la espalda, las piernas, la camisa le había quedado rasgada con sendos huecos, los brazos le sangraban donde se le había rasgado la piel. Se levantó en lo que recupero control de sí mismo, estaba muy adolorido pero sentía alivio de no haberse roto nada, y una ira rampante que le encendía la sien y las orejas. estaba de rodillas, mirándose las heridas, un poco mareado.

Ineptos de mierda— dijo en voz alta. Temía que el jeep estuviese roto y tendría que seguir su camino a pie. La pendiente por donde cayó no era muy empinada, así que a gatas poco a poco fue escalando. Cuando ya estuvo cerca del chofer, vio que el chofer estaba inconsciente y los demás estaban todos atolondrados por el golpe y con cara de susto al ver que su compañero no respondía.

¡¿Pero qué coño fue lo que paso pues?!—Exclamó con rabia.

Los otros dos se miraron mutuamente y al final uno de ellos dijo— nos escoñetamos, mi teniente.

se quedaron viendo en silencio y no pudo evitarlo, una carcajada espontanea le salió de las entrañas, en cierta forma estaba alegre de no haberse matado.

Y ahora este idiota desmayado— dijo Edgar en medio de las risas—ni yo que caí por allá por el coño, salí disparado como un delfín fuera del agua. todos reían como dementes. ¿Qué no se despierte para ver quien coño lo va a cargar?— risas histéricas de nuevo— él es el que casi nos mata y el que termina desmayado el muy pendejo— mucho más risas y lágrimas.

Cuando se calmaron un poco más, les pidió que le dijeran sus nombres:

Emilio Lovera señor, sí, como el comediante— un soldado alto, de cabello rojizo y musculoso.

Solo de nombre, de resto no te pareces en nada más a Emilio ¿y usted soldado?— ya estaban recuperando el aliento por completo.

Mi nombre es Marcos Campos mi teniente— Marcos era moreno de estatura media, ojos claros y delgado.

¿Y esta maravilla como se llama? – Preguntó Edgar colocándole la mano en la espalda al chofer desmayado.

Anibal Lopez, se llama ese pendejo— Y volvieron a reír los tres.

Mi nombre es Edgar Falcón. Marcos vente conmigo vigilemos mientras Anibal reacciona, tu Emilio trata de resucitar a Anibal, cuando vuelva en sí, avisa— Les dijo y luego se alejó un poco del jeep.

Marcos fue y sacó un nueve milímetros y se puso dos cargadores en los bolsillos del pantalón, siguió a Edgar.

Habían arboles de distintas especies,  pero lo que lo desconcertaba era que no se escuchaban casi insectos o animales aquella pasividad en la naturaleza  los hacía sentir nerviosos.

¿Cuéntame Marcos tienes familia?— Le preguntó, sin mirarlo, estaba registrando los alrededores con la mirada.

Marcos le iba a responder cuando escucharon lo que parecía un rugido, lejano pero terrible.

Quedaron los dos muy callados, se vieron la cara el uno del otro por poco menos de un segundo y luego se pusieron muy alertas.

<<clack, clack>> Se escuchaban sonidos como de ramas quebrándose, o ¿Eran árboles enteros los que se quebraban? una especie de respiración profunda y grutural se sentía más que escucharse

Miraban a todos lados, a la expectativa.

Marcos preguntó en un susurro— ¿Qué crees que fue eso?

Chito, cállate coño— Le dijo con severidad Edgar a Marcos levantando la mano derecha abierta hacia la cara del otro.

De repente, a lo lejos lo vieron, una masa de carne enorme con el tamaño de un volvagen escarabajo de los antiguos, no lograban detallarlo bien que era porque estaba a los lejos, venía caminando agazapado, como al asecho. Tenía forma felina pero estaba despellejado, literalmente, no tenía piel, solo músculos expuestos, era horrendo, con unos ojos rojos por completo en una cabeza inmensa, lo peor es que aquella cabeza no tenía boca, solo dos grandes horribles ojos rojos, como si el humor acuoso fuera pura sangre y una raya negra vertical que se movía de un lado a otro, se detenía, levantaba la cabeza como olfateando. No tenía oídos o nariz, al menos a esa distancia no se le veían.

Edgar se dio la vuelta al punto y salió corriendo, Marcos estaba tratando de verlo mejor, de detallarlo, de hecho había sacado el móvil, que en aquel entonces solo servía para grabar vídeos, tomar fotos y lo que sea, menos para comunicarse ya que no habían compañías telefónicas.

Marcos grito— Verga chamo pero ¿Qué es eso?

Edgar por los nervios le grito también— cállate inepto de mierda que nos va a escuchar— Mientras se dirigía al jeep a toda velocidad, se buscó en la pistolera de la pierna y su beretta ya no estaba ahí. El fusil lo había colocado a un lado en el jeep en lo que se subió y no tenía idea donde estaba.

La cosa aquella rugió y Edgar supo que ya los había detectado.

Se escucharon unos pasos acelerados que quebraban ramas y estremecía los árboles cuando los tropezaba al correr. Edgar ya estaba de regreso en el Jeep cuando se escuchó un grito de espanto, de Marcos, otro rugido y luego carne rasgándose, huesos quebrándose y el grito desesperado de agonía tortuosa.

Se acercó corriendo a al jeep donde aún estaba Anibal desmayado y Emilio tratando de reanimarlo, seguía en el puesto del chofer. Emilio vio la expresión de pánico, casi de demencia que traía Edgar, el mismo había escuchado los gritos y los rugidos. Sin decir palabra, saltó a la parte de atrás del jeep, metió las manos debajo de las axilas de Anibal y lo sacó del asiento del conductor.

Déjalo ahí y arranca— Le grito Edgar, subiéndose al asiento del copiloto, mientras ya Emilio ocupaba el del conductor nuevamente, agarró las llaves del encendedor y las giró.

El motor del jeep, hizo un sonido casi un gemido y no arrancó, giro de nuevo la llave, el sonido del motor fue el mismo pero no encendió.

¿Teniente qué fue lo que pasó?— Le pregunto Emilio a Edgar con angustia en la voz, mientras miraba seguía intentando que el jeep encendiera.

Esta mierda no arranca, maldita sea, arranca maldito carro— Dijo sin esperar a que Edgar le contara, de hecho Edgar no tenía pensado decir palabra alguna, él no sabía que es lo que había pasado, Emilio creció en un hogar cristiano y no le gustaba maldecir pero en aquel momento, estaba fuera de sí.

Repentinamente Edgar comenzó a darle cachetadas a Anibal que nada que reaccionaba, gritándole. Despierta pendejo del coño que nos vamos a morir aquí.

El rugido cada vez más cerca. El vehículo encendió, Emilio metió la reversa, y piso el acelerador a fondo. Vieron de frente como venía la bestia, la cosa, aquel ser infernal salido como de una pesadilla.

Llegaron de retroceso hasta la autopista nuevamente de un brinco en retroceso, y fueron a dar con el parachoques trasero contra la piedra de la falda de la montaña por donde pasaba el camino. Vieron cuando la bestia salto a la autopista pero se le abalanzo encima a otras personas que estaban pasando por ahí. Entonces presenciaron lo peor de aquel horror, el ser aquel se levantó sobre sus cuartos traseros y en el medio del pecho tenía una abertura con dientes afilados como navajas y cuatro largas tenazas, por donde engullía a los que antes despedazaba. En un momento en el que la bestia estuvo de espaldas a Edgar, le pareció que de la espalda de aquella cosa salió un ojo miró a todos lados y luego desapareció.


Estaban los dos con la boca abierta viendo aquella carnicería, cuando un hombre con uniforme de policía se montó de un brinco en el jeep y le grito que salieran de allí. y así lo hicieron chirriando y quemando cauchos.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Resident Evil Venezuela Cap III


Resident Evil Venezuela
Capítulo III

Al areopuerto… ¿o mejor regreso casa?

Edgar comenzó a trotar en dirección al aeropuerto aún estaba bastante lejos para ir a pie. Pero igual él quería cumplir con el llamado del deber, aunque una gran parte de él le decía que se volviera con su familia .

La gente desesperada le gritaba que le ayudara, que por favor hiciera algo, algunos simplemente lo miraban con miedo del Fusil que llevaba a cuestas, cruzándole el pecho. Edgar estaba en buena forma porque de un tiempo para acá, el entrenamiento era obligatorio y después de una hora trotando, Edgar aún se encontraba a dos horas de camino del aeropuerto cuando escucho una tremenda explosión a lo lejos. Estaba todo sudado, cansado, con hambre y de paso cada vez más asustado. A su lado pasaba gente ensangrentada, gente llorando desesperada, mucha gente de distintas apariencias, blancos, negros, morenos, chinos, rubios, etc.

En eso a lo lejos vio gente tirada en el suelo revolcándose, siendo atacadas por más gente, aquello era de pesadilla, él solo había visto situaciones así en las colas para comprar comidas a precios regulados, pero por mucho que se caían a golpes, no se mataban a mordiscos.

Él supo inmediatamente lo que tenía que hacer, mando todo al carajo y se emprendió el camino de vuelta a casa, si todo se estaba yendo al carajo él tenía que estar con su familia. En eso una chica adolescente se le sujeto del brazo y llorando le pidió a los gritos que ayudara a su papá por favor. Edgar, la miró y calculo que tendría menos de veinte años. Le dio lastima verla tan desesperada.

Está bien mamita, tranquila cálmate, yo voy a ayudarte. Dime ¿Donde está tu papá?— Le dijo mirándola a los ojos.

Es aquel que esta allá  tirado en el suelo, esos dos idiotas lo están atacando. Se dio cuenta por el acento que era extranjera,  era muy hermosa.

Era un hombre como de cuarenta y tantos años, de cabello prematuramente canoso y delgado, estaba tirando en el suelo boca arriba defendiéndose con manos y piernas de un gordo alto con los ojos blancos y los labios llenos de sangre la mancha de sangre llegaba hasta el pecho, su cuerpo estaba muy herido, le faltaban pedazos de carne, tenía huecos horrendos, estaba tratando de comérselo vivo o al menos morderlo, el otro era un muchacho delgado, en camiseta, gorra y lentes oscuros que no se le veían heridas,  parecía tantear de vez en cuando al padre de la chica.

Edgar en un principio le pareció confuso aquello pero luego se dio cuenta de lo que estaba viendo, al padre de la chica lo estaba atacando uno de los zombis de los que hablaban los rumores y el otro era simplemente un ladrón aprovechándose de la situación para robar al extranjero, aquello le dejó sorprendido y enojado.

Edgar corriendo hacia la escena con la chica siguiéndole los pasos, levantó el Fusil, le quito el seguro y disparo dos veces al aire. El primer disparo hizo que el ladrón, volteara blanco del miedo y en un pis pas, ya había desaparecido corriendo, el gordo ni se inmuto.

Edgar se terminó de acercar corriendo y le dio una patada en la cara al gordo que estaba encima del padre de la chica, este cayó de lado, y antes que siquiera pudiera intentar reponerse Edgar había visto suficientes películas de zombis para saber dónde apuntar. Le voló la cabeza al zombi que quedo inerte en el suelo.

La chica se acercó al señor llorando y gritando, párate papá rápido, le sujeto por la mano y lo ayudo a ponerse en pie. Desafortunadamente tenía una herida en una de sus manos y en el hombro izquierdo.

Se volvió hacía el señor y le pregunto cómo estaba, este no le respondió nada, ni le dio las gracias ni nada, solo agarro a la chica del brazo y le dijo nos vamos, sígueme. hizo lo que a Edgar le pareció una estupidez. Empezó a bajar por una pendiente que quedaba al lado del camino. El trato de detenerlo, de hablar con él para que lo siguiera pero no hubo manera, de hecho en ningún momento este hombre lo miro ni nada.

Edgar se quedó viéndolos mientras bajanban la pendiente, la chica tenía un short corto de jean recortado que terminaban es hilachas y la chica tenía piernas largas y delgadas. Edgar la miró alejarse un poco apenado y sintiendo lastima  Se estaban alejando cuando, escucho otra vez los chillidos del ladrón que venía en la dirección en la que desapareció corriendo.

Solo pensó que te jodan, mal nacido coño-e-tu-madre. Que en vez de ayudar al señor lo estaban robando animal de mierda, pensó con ira e indignación.

Otro grito a lo lejos, en ese momento miró hacía la bajada por donde  la chica y su padre habían partido. Vio al señor tirado en el suelo forcejeando con otro sujeto que parecía infectado y cuatro más se acercaban desde distintas direcciones, los tenían rodeados, la chica ya había emprendido su carrera hacía el gritando que le ayudara.

Edgar volteó vio a la chica y se dijo así mismo—  que se jodan, por necios—  y salió corriendo. Eso fue terrible de su parte pero el tenía que volver con su familia y no se haría matar por nadie. La chica seguía detrás de él gritando, pero Edgar solo quería volver con su familia.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Resident Evil Venezuela Capítulo II

Capítulo II
Todo cambió

                                               

Como todo militar de aquellas coordenadas, supo cómo sacar ventaja del desastre en el que le tocó “colocar orden”. Edgar se las arregló para conocer a Enma Rowlling una hermosa británica con la que a través de un inglés bastante básico y un lenguaje de señas, se pudo comunicar. Ella le contó que Enma estaba sola y era soltera, sus padres se había quedado atrás en Yate de donde era oriunda, a ella el “evento” le había agarrado en Estados Unidos donde se había presentado para hacer un casting sobre una serie de “muertos que caminan”, irónicamente. A sus treinta y dos años era una mujer blanca de cabello negro azabache, unos ojos de un verde increíble y cuerpo de gimnasta, era tan alta que podía mirar a Edgar a los ojos y Edgar medía un metro ochenta.

Edgar un hombre bastante criollo, de cabello crespo, ojos oscuros, nariz grande y labios gruesos, no era particularmente atractivo.  Viendo a Enma se sentía horrendo ¿Cómo era posible tanta hermosura? No dejaba de pensar.  La había subido a un Jeep e iba tratando de sacarle conversa en la medida de lo que su inglés guachi-guachi le permitía. Tratando de distraerla para que no se fijara en el panorama de casitas de bloque desnudo aglomeradas unas sobre otras cubriendo la montaña, un caos penoso de pobreza y desorden inimaginable. Para alejar su mirada de aquel ranchero, Edgar trataba de sacarle conversa,  pero era inútil, Enma iba hipnotizada viendo esa vista, en su país aquellos paisajes no existían, bueno cuando aún existía su país. 

Para él era muy difícil tratar de deducir que era lo que iba pensando en aquel momento, cuando ni siquiera podía saber bien lo que decía. Otra vez se sintió feo, sintió un poco de vergüenza, nunca antes la había sentido, pues para él, oriundo de estos parajes las cosas siempre habían sido así, lo normal era aquello, el rancho, la música a todo volumen en cada casa, la gente en pijama en la calle, los perros callejeros, etc; lo normal, antes que todo se fuera al desague producto del hambre, la crisis, la guerra civil y todo lo demás.

Él le dijo que tenía hijos, ella por supuesto no tenía. Él le comentó un poco a los golpes, los detalles de su carrera como militar, que a la verdad, no era gran cosa, ella era graduada en algo pero el no pudo entender en que.

Edgar no se le ocurrió mejor cosa que llevarla a la casa, eso fue lo que le pareció más natural por hacer. Quizás su esposa aceptaría que durmiera en la casa con ellos. 

Alejándose del aeropuerto en un amino serpernteante, a lo lejos se veía el mar, olía a sal, había mucho verde por todos lados, grama, arboles, pequeñas montañas, el verde de los militares en las múltiples alcabalas que Edgar supero con solo un saludo. En un desvío a la izquierda, un camino de tierra escalaba por la falda de una montaña, arriba se veían las asitas aglomeradas, apretujadas, muchas estaban en ruinas, perros flacos por todos lados, gatos con mirada desesperada, ratas de tamaños impresionantes, muchas aves de distintas especies.  

Apartado de todo aquello se encontraba la casa de Edgar, de paredes altas y un portón negro con varios candados. Después de traspasar el portón habían llegado, él sabía que su casa no le impresionaría pero la reacción de Enma fue muy distinta a eso, la cara de Enma era de perplejidad.

Al bajarse del auto, mando a callar a los cuatro perros de distintas razas que tenía en el patio pero luego salieron los tres hijos de Edgar que vivían con él corriendo a saludarlo,  eran sus hijos. 

Andrea de seis años, Estefany de diez años y  Tomas su hijo putativo, el mayor de doce años. Los otras dos hijas de Edgar, Susana, Daniela, Angélica y Karina estaban con sus respectivas madres, él no sabía nada de ellas desde que se dejó de sus madres, pero ellas eran un peso tremendo en su conciencia.

“Hola hijos como están, los extrañe ¿extrañaron a papá?”— se agacho a abrazarlos a todos, en una escena en la que pretendía parecer un excelente papá cariñoso, los niños se miraban entre si extrañados y miraban a la muchacha que estaba parada junto a la puerta del jeep. Su papá normalmente era un patan frío, amargado, gritón y abusivo.

Papá ¿Quién es ella? – Preguntó Tomas, con los ojos que casi se le salían de la cara de lo impresionado que estaba.

Hijo te presento a una amiga Enma, Enma estos son mis hijos. Y los presentó lo mejor que pudo. Sin aclarar que Tomas no era de él, él lo quería como suyo. Enma les saludo tímidamente y luego salió de la casa Yelitza, la mujer de Edgar.

No dijo nada, solo se quedó parada mirando a Enma de arriba abajo lentamente detallandola, destrozándola en su cabeza, la cara se le estaba poniendo roja y la mirada tenía un toque demente.

Hola Yelitza—tragando un poco de saliba— te presento a Enma, una gringa que me ordenaron—se detuvo y dudo un poco—  que escoltara desde el aeropuerto y la llevara a un lugar seguro.— La señalaba con la mano abierta en ese intento tan absurdo de engañar a la que vive con ellos todos los días, le conoce las mañas, las costumbres y por supuesto hasta la manera en que mientes. Claro,  no era que Edgar tuviese miedo de Yelitza. pues en aquellas circunstancias, ella necesitaba más de él, que él de ella, lo que no quería una epataleta que lo avergonzara.

Lo único que había hecho Yelitza toda la vida desde que Edgar la conoció fue tener un trasero grande y una mirada coqueta, más allá de eso, Yelitza se había conformado muy bien con el papel de la mujer mantenida, ósea nunca se preocupó por estudiar, o hacer algo por ella misma, y en aquellas circunstancias ser la mujer(o una de las mujeres) de un militar, era bastante cómodo en consideración del caos y el desastre que en general había por aquellos días apocalípticos. Por eso se hizo la loca con el rumor de que la hija de su prima Jessica eran medio hermano de sus hijos y lo peor es que hasta se parecía a él, pero no le quedaba más opción vivir con ello.

Solo se limitó a decir: “mmn…” con los brazos cruzados debajo de los senos. Se dio la vuelta parando a lo más que podía el trasero y se metió en la casa. Yelitza era una mujer bajita y hermosa de un metro sesenta y caderas prominentes, de pies pequeños y hermosos, senos naturales bastante generosos, una de las bellezas caribeñas, tenía un short corto y unas sandalitas de estar en casa, tenía los muslos descubierto, Edgar la miro al alejarse, le encantaban las piernas de su esposa.  

Edgar volteó a mirar a Enma apenado, los hijos de Edgar todos hablaban a la vez
Luego todos los demás le siguieron, todo esto ocurrió mientras los perros ladraban todos a la vez como dementes. él les mando a callar con un grito, luego les hizo señas a Enma para que le siguiera.

La sala de la casa era grande, paredes blancas decoraciones en yeso y mármol. Aire acondicionado y 5 televisores pantallas planas en las paredes, en distintas paredes. Yelitza llamo a la mesa a comer. Cuando se sentaron a la mesa, llevaban poco tiempo de estar comiendo cuando Edgar recibió una llamada donde le ordenaban presentarse en el aeropuerto de inmediato, dejó a Enma con su esposa, en su casa a la mesa y salió. Se preguntaba si era una mala idea haber dejado a Enma sola con su esposa.

Corrió al Jeep, abrió la puerta, metió la llave en el arranque y salió pitando, por radio le dijeron que era código “rojo”, eso significaba que la situación era un desastre total.

De lejos se veía el aeropuerto y vio una columna de humo que se elevaba como desde la pista de despegue y acelero lo más que pudo, el camino serpenteaba y estaba en pésimas condiciones, por supuesto no se invirtió en comida para la gente, menos en vialidad. Mientras más se acercaba al aeropuerto eran más grandes los grupos de personas que se encontraba en la calle, corriendo por el camino de manera despavorida, algunos le gritaban que se diera la vuelta, otros que se apurara, unos cuantos llevaban batas y uniformes como los que usaban los médicos en el edificio de cuarentena, otros iban uniformados de militares, ya no quedaban casi cuerpos policiales pero aún se veían de vez en cuando, la mayoría tenía miradas de pavor en sus caras, la gente corría y gritaba de una manera demencial empujándose unos a otros como locos.. En un tramo de la autopista por donde se llegaba al aeropuerto, el camino que era recto y largo pero en una de las pocas curvas pronunciadas y peligrosas sucedió algo…

Uno de los postes de energía eléctrica se vino abajo y Edgar tuvo que dar un volantazo para evitarlo y lo esquivó en el momento preciso pero cuando volteó a mirar atrás, golpeó una roca que sobresalía a un lado de la montaña, se dio un tremendo golpe en el pecho con el volante que se sacó  el aire, quedó mareado y un poco lelo.

¿Mierda y ahora que voy a hacer? – se preguntó a sí mismo tratando de recuperar el oxígeno. Ahora si es verdad que estoy jodido, primero saco el culito ese del aeropuerto sin cobrarle y ahora arruine el jeep contra la mal parida roca esta del coño, coño-e-la-madre. Siguió hablando consigo mismo, mientras se sobaba él pecho en el que tenía un intenso dolor.

Se bajó del coche levantó la tapa del motor y si, el radiador se había partido en dos o algo así parecía y sospechaba que el tren de dirección se había hecho trizas o al menos doblado, sabía muy poco de mecánica.  Fue a la parte de atrás del jeep donde debajo de una lona estaba oculto un FAL de los que se usan como reglamento en el ejército y las fuerzas armadas.  Revisó que tuviese balas, agarro dos cargadores que tenía en el carro y se dispuso a seguir a pie, no sin antes asegurarse de que su nueve beretta en la pistolera del muslo derecho siguiera ahí, y no estaba, coño pensó. Fue a la parte de adelante del jeep y la enontró tirada debajo del asiento, debió habérsele salido con el golpe de la colisión. La gente pasaba corriendo, Edgar trago saliva, se ajustó la gorra y emprendió su camino hacia el aeropuerto.