viernes, 13 de noviembre de 2015

Resident Evil Venezuela Capítulo II

Capítulo II
Todo cambió

                                               

Como todo militar de aquellas coordenadas, supo cómo sacar ventaja del desastre en el que le tocó “colocar orden”. Edgar se las arregló para conocer a Enma Rowlling una hermosa británica con la que a través de un inglés bastante básico y un lenguaje de señas, se pudo comunicar. Ella le contó que Enma estaba sola y era soltera, sus padres se había quedado atrás en Yate de donde era oriunda, a ella el “evento” le había agarrado en Estados Unidos donde se había presentado para hacer un casting sobre una serie de “muertos que caminan”, irónicamente. A sus treinta y dos años era una mujer blanca de cabello negro azabache, unos ojos de un verde increíble y cuerpo de gimnasta, era tan alta que podía mirar a Edgar a los ojos y Edgar medía un metro ochenta.

Edgar un hombre bastante criollo, de cabello crespo, ojos oscuros, nariz grande y labios gruesos, no era particularmente atractivo.  Viendo a Enma se sentía horrendo ¿Cómo era posible tanta hermosura? No dejaba de pensar.  La había subido a un Jeep e iba tratando de sacarle conversa en la medida de lo que su inglés guachi-guachi le permitía. Tratando de distraerla para que no se fijara en el panorama de casitas de bloque desnudo aglomeradas unas sobre otras cubriendo la montaña, un caos penoso de pobreza y desorden inimaginable. Para alejar su mirada de aquel ranchero, Edgar trataba de sacarle conversa,  pero era inútil, Enma iba hipnotizada viendo esa vista, en su país aquellos paisajes no existían, bueno cuando aún existía su país. 

Para él era muy difícil tratar de deducir que era lo que iba pensando en aquel momento, cuando ni siquiera podía saber bien lo que decía. Otra vez se sintió feo, sintió un poco de vergüenza, nunca antes la había sentido, pues para él, oriundo de estos parajes las cosas siempre habían sido así, lo normal era aquello, el rancho, la música a todo volumen en cada casa, la gente en pijama en la calle, los perros callejeros, etc; lo normal, antes que todo se fuera al desague producto del hambre, la crisis, la guerra civil y todo lo demás.

Él le dijo que tenía hijos, ella por supuesto no tenía. Él le comentó un poco a los golpes, los detalles de su carrera como militar, que a la verdad, no era gran cosa, ella era graduada en algo pero el no pudo entender en que.

Edgar no se le ocurrió mejor cosa que llevarla a la casa, eso fue lo que le pareció más natural por hacer. Quizás su esposa aceptaría que durmiera en la casa con ellos. 

Alejándose del aeropuerto en un amino serpernteante, a lo lejos se veía el mar, olía a sal, había mucho verde por todos lados, grama, arboles, pequeñas montañas, el verde de los militares en las múltiples alcabalas que Edgar supero con solo un saludo. En un desvío a la izquierda, un camino de tierra escalaba por la falda de una montaña, arriba se veían las asitas aglomeradas, apretujadas, muchas estaban en ruinas, perros flacos por todos lados, gatos con mirada desesperada, ratas de tamaños impresionantes, muchas aves de distintas especies.  

Apartado de todo aquello se encontraba la casa de Edgar, de paredes altas y un portón negro con varios candados. Después de traspasar el portón habían llegado, él sabía que su casa no le impresionaría pero la reacción de Enma fue muy distinta a eso, la cara de Enma era de perplejidad.

Al bajarse del auto, mando a callar a los cuatro perros de distintas razas que tenía en el patio pero luego salieron los tres hijos de Edgar que vivían con él corriendo a saludarlo,  eran sus hijos. 

Andrea de seis años, Estefany de diez años y  Tomas su hijo putativo, el mayor de doce años. Los otras dos hijas de Edgar, Susana, Daniela, Angélica y Karina estaban con sus respectivas madres, él no sabía nada de ellas desde que se dejó de sus madres, pero ellas eran un peso tremendo en su conciencia.

“Hola hijos como están, los extrañe ¿extrañaron a papá?”— se agacho a abrazarlos a todos, en una escena en la que pretendía parecer un excelente papá cariñoso, los niños se miraban entre si extrañados y miraban a la muchacha que estaba parada junto a la puerta del jeep. Su papá normalmente era un patan frío, amargado, gritón y abusivo.

Papá ¿Quién es ella? – Preguntó Tomas, con los ojos que casi se le salían de la cara de lo impresionado que estaba.

Hijo te presento a una amiga Enma, Enma estos son mis hijos. Y los presentó lo mejor que pudo. Sin aclarar que Tomas no era de él, él lo quería como suyo. Enma les saludo tímidamente y luego salió de la casa Yelitza, la mujer de Edgar.

No dijo nada, solo se quedó parada mirando a Enma de arriba abajo lentamente detallandola, destrozándola en su cabeza, la cara se le estaba poniendo roja y la mirada tenía un toque demente.

Hola Yelitza—tragando un poco de saliba— te presento a Enma, una gringa que me ordenaron—se detuvo y dudo un poco—  que escoltara desde el aeropuerto y la llevara a un lugar seguro.— La señalaba con la mano abierta en ese intento tan absurdo de engañar a la que vive con ellos todos los días, le conoce las mañas, las costumbres y por supuesto hasta la manera en que mientes. Claro,  no era que Edgar tuviese miedo de Yelitza. pues en aquellas circunstancias, ella necesitaba más de él, que él de ella, lo que no quería una epataleta que lo avergonzara.

Lo único que había hecho Yelitza toda la vida desde que Edgar la conoció fue tener un trasero grande y una mirada coqueta, más allá de eso, Yelitza se había conformado muy bien con el papel de la mujer mantenida, ósea nunca se preocupó por estudiar, o hacer algo por ella misma, y en aquellas circunstancias ser la mujer(o una de las mujeres) de un militar, era bastante cómodo en consideración del caos y el desastre que en general había por aquellos días apocalípticos. Por eso se hizo la loca con el rumor de que la hija de su prima Jessica eran medio hermano de sus hijos y lo peor es que hasta se parecía a él, pero no le quedaba más opción vivir con ello.

Solo se limitó a decir: “mmn…” con los brazos cruzados debajo de los senos. Se dio la vuelta parando a lo más que podía el trasero y se metió en la casa. Yelitza era una mujer bajita y hermosa de un metro sesenta y caderas prominentes, de pies pequeños y hermosos, senos naturales bastante generosos, una de las bellezas caribeñas, tenía un short corto y unas sandalitas de estar en casa, tenía los muslos descubierto, Edgar la miro al alejarse, le encantaban las piernas de su esposa.  

Edgar volteó a mirar a Enma apenado, los hijos de Edgar todos hablaban a la vez
Luego todos los demás le siguieron, todo esto ocurrió mientras los perros ladraban todos a la vez como dementes. él les mando a callar con un grito, luego les hizo señas a Enma para que le siguiera.

La sala de la casa era grande, paredes blancas decoraciones en yeso y mármol. Aire acondicionado y 5 televisores pantallas planas en las paredes, en distintas paredes. Yelitza llamo a la mesa a comer. Cuando se sentaron a la mesa, llevaban poco tiempo de estar comiendo cuando Edgar recibió una llamada donde le ordenaban presentarse en el aeropuerto de inmediato, dejó a Enma con su esposa, en su casa a la mesa y salió. Se preguntaba si era una mala idea haber dejado a Enma sola con su esposa.

Corrió al Jeep, abrió la puerta, metió la llave en el arranque y salió pitando, por radio le dijeron que era código “rojo”, eso significaba que la situación era un desastre total.

De lejos se veía el aeropuerto y vio una columna de humo que se elevaba como desde la pista de despegue y acelero lo más que pudo, el camino serpenteaba y estaba en pésimas condiciones, por supuesto no se invirtió en comida para la gente, menos en vialidad. Mientras más se acercaba al aeropuerto eran más grandes los grupos de personas que se encontraba en la calle, corriendo por el camino de manera despavorida, algunos le gritaban que se diera la vuelta, otros que se apurara, unos cuantos llevaban batas y uniformes como los que usaban los médicos en el edificio de cuarentena, otros iban uniformados de militares, ya no quedaban casi cuerpos policiales pero aún se veían de vez en cuando, la mayoría tenía miradas de pavor en sus caras, la gente corría y gritaba de una manera demencial empujándose unos a otros como locos.. En un tramo de la autopista por donde se llegaba al aeropuerto, el camino que era recto y largo pero en una de las pocas curvas pronunciadas y peligrosas sucedió algo…

Uno de los postes de energía eléctrica se vino abajo y Edgar tuvo que dar un volantazo para evitarlo y lo esquivó en el momento preciso pero cuando volteó a mirar atrás, golpeó una roca que sobresalía a un lado de la montaña, se dio un tremendo golpe en el pecho con el volante que se sacó  el aire, quedó mareado y un poco lelo.

¿Mierda y ahora que voy a hacer? – se preguntó a sí mismo tratando de recuperar el oxígeno. Ahora si es verdad que estoy jodido, primero saco el culito ese del aeropuerto sin cobrarle y ahora arruine el jeep contra la mal parida roca esta del coño, coño-e-la-madre. Siguió hablando consigo mismo, mientras se sobaba él pecho en el que tenía un intenso dolor.

Se bajó del coche levantó la tapa del motor y si, el radiador se había partido en dos o algo así parecía y sospechaba que el tren de dirección se había hecho trizas o al menos doblado, sabía muy poco de mecánica.  Fue a la parte de atrás del jeep donde debajo de una lona estaba oculto un FAL de los que se usan como reglamento en el ejército y las fuerzas armadas.  Revisó que tuviese balas, agarro dos cargadores que tenía en el carro y se dispuso a seguir a pie, no sin antes asegurarse de que su nueve beretta en la pistolera del muslo derecho siguiera ahí, y no estaba, coño pensó. Fue a la parte de adelante del jeep y la enontró tirada debajo del asiento, debió habérsele salido con el golpe de la colisión. La gente pasaba corriendo, Edgar trago saliva, se ajustó la gorra y emprendió su camino hacia el aeropuerto. 





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