lunes, 23 de noviembre de 2015

Silent Hill Venezuela Parte I


Capítulo I: El Viaje.

Alfredo Guillen era un Caraqueño de unos 25 años, estaba comprometido con Xiomara Terranova, la conoció en la universidad hace algunos años. En un principio solo eran compañeros en algunas materias y hablaban casualmente, Alfredo parecía siempre ocupado, siempre estresado, Xiomara por su lado era un poco más relajada, era de estar a la moda, ser genial, colocar boca de patito para las fotos y eso.

Alfredo estaba muy enfocado en su carrera, era muy serio y parecía estar ansioso por terminar de una vez la carrera. En un punto de la carrera, algo cambio que hizo que Alfredo se le viera más relajado, más tranquilo. Ahora estaban por terminar su carrera en la UCAB de educación integral y estaban tramitando los papeles para irse del país a ejercer a otro lugar sin dictadura comunista, sin control de cambio, sin revolución.

Alfredo le aprobaron el cupo de CADIVI(organismo que era utilizado para controlar el tráfico de Divisas) para poder viajar al exterior, pero aun no estaban listos los papeles de su título, le tocaría viajar a él solo, porque a Xiomara aún no se lo habían aprobado.

Ya había comprado pasaje para ir a Estados Unidos, a California donde tenía unos amigos de la infancia esperándolo y unos primos. Por supuesto que el objetivo era raspar el cupo y traerse los dólares y venderlos en el mercado negro, donde costaban diez veces lo que costaba en el mercado oficial, reunir esa plata para poder comprar el pasaje para el año entrante, cuando por fin, con el favor de Dios, se iría de Venezuela a buscar suerte en otras locaciones.

                Llegó el día en que saldría el viaje, en el aeropuerto estaban para despedirlo su mamá, su hermana mayor, su hermano menor y su novia. No es que el no fuera un tipo impopular o desagradable es que casi nadie sabía de aquel viaje.

                Llegaron en taxi al aeropuerto, la carrera le costó lo mismo que una semana y media de trabajo para un profesor, dinero que pago con rabia y pensando, por eso es que me quiero ir de este sitio, con rabia, pero a la vez con aquella dura nostalgia del que abandona su tierra por necesidad o por obligación y no por placer.

Agarro sus maletas sin decirle gracias al taxista, sentía que era como decirle gracias a un ladrón por acabarle de robar, claro que él entendía que el taxista es un trabajador padre de familia como cualquiera otro trabajador, pero esta frustración continua no tenía cara específica, la culpa era del gobierno por corrupto, de la oposición por pusilánime y cooperativista, de la gente por votar por estos locos, de él por no haberse ido antes, de todos y de nadie.

                Coño que caro se ha vuelto toda vaina nojoda— Dijo la mamá de Alfredo, la señora Maritza.

                Pero tenemos patria señora Maritza— dijo en torno sarcástico Xiomara.

                Si mija, más Patria de la que deberíamos— Le respondió el señor Pedro papá de Alfredo.
Pero bueno papá, enfoquémonos en lo que nos interesa.— Dijo Maritcita, la hija mayor de los Guillen, simpatizante con el gobierno.

Si, claro hazte la loca. Por los que votaron por este desastre es que estamos como estamos— Dijo William, el hermano menor de Alfredo. 

Iban pasando al lado de un militar de los tantos que están en el aeropuerto, voltearon a mirarlos, pero el militar no pareció haberlos escuchado y si los escuchó, quizás no les importo o quizás estaba acostumbrado ya ha escuchar ese tipo de cosas, o quizás el mismo las pensaba.

                Iban de camino a hacer el “check in” del pasaje cuando a Alfredo le sonó el teléfono, al revisarlo era un mensaje de un número que terminaba en 1371. Él ya sabía quién podía ser, elimino el mensaje sin más, no sin colocar cara de preocupación y luego de fastidio, pero ¿Qué era lo que le fastidiaba? Xiomara lo estaba viendo y reconoció en Alfredo aquel viejo gesto de preocupación, su mamá volteaba incómoda para otra parte.

                Hubo un momento incómodo para todos en aquel anden, pero Xiomara rompió el silencio.
Bueno amor, aquí estamos, te amo con todo mi corazón, te voy a extrañar.

Bueno hermano, si puedes tráeme un Play 4, que salió hace poco y aún aquí no ha llegado. Dijo William

Si claro, me voy a gastar los cuatro dólares cagados que nos dan en un aparato de esos. Le dijo a su hermano.

La señora Maritza con lágrimas en la cara lo abrazó y le dio un par de besos. Cuidate mucho hijo mío. Que Dios te guarde.

Coño mamá deja el drama ni que se fuera para Vietnam. Le dijo William

Chao hijo, le dijo el señor Pedro, pero antes de darle un abrazo a Alfredo le dio un coscorrón a William.

Volvió Xiomara y lo beso largamente y lo apretó contra su cuerpo, era muy duro despedirse de él.
                Al final se despidió de todos ellos y se embarcó en el vuelo que lo llevaría a los Estados Unidos.

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